CARTA PASTORAL DE CUARESMA - 2012

INTRODUCCIÓN

Queridos hermanos:

Si Dios quiere el 22 de febrero celebraremos el Miércoles de Ceniza con el que iniciamos el tiempo  de CUARESMA.

En este “tiempo fuerte” los cristianos nos vamos disponiendo exterior e interiormente a la celebración de nuestra fiesta mayor: LA PASCUA, es decir la “pasión, muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo”.

Deseo vivamente que todos podamos aprovechar realmente estos días de gracia a través de la lectura orante de la Palabra de Dios, de la oración personal, del ayuno y de la Eucaristía; así podremos asociarnos al Señor Jesús “entregado a la muerte por nuestros pecados y resucitado para nuestra salvación”.

            Por otra parte, ya se está haciendo tradicional que esta carta de cuaresma tenga una orientación “programática” que nos indique el rumbo del camino pastoral que queremos recorrer a lo largo del año. En este caso, hemos de leerla en constante confrontación con la que les escribí con motivo de la Clausura del Año Jubilar.

            El año pasado hemos celebrado con alegría el Jubileo de la diócesis, haciendo “memoria agradecida” por todo lo que la Providencia de Dios ha regalado a la misma en estos 50 años.

            Teníamos conciencia de que era un tiempo de Gracia (un “kairós”, decíamos) y nos preparamos intensamente, en las distintas comunidades, durante tres años. Finalmente culminamos con los festejos en Añatuya que nos llenaron de alegría.

            Ahora queremos que todo ese esfuerzo de preparación no haya terminado con la fiesta celebrada sino que se continúe dando frutos mediante “una nueva evangelización” que llegue a todas las personas de nuestro vasto territorio.

            En la Carta pastoral que les escribí con ocasión de la Clausura del Jubileo les decía:

“Al finalizar el primer discurso de Pedro después de la venida del Espíritu Santo la gente conmovida por sus palabras le preguntó: ¿qué debemos hacer? (Hech 2,37)...

También nosotros nos preguntamos: ¿Cómo encontrarnos con Jesús?..., ¿cómo pasar de una Iglesia misionada a una Iglesia discípula-misionera?...; ¿cómo realizar una nueva Evangelización en nuestra diócesis?...
            Son cuestionamientos que nos interpelan profundamente y nos deben comprometer a dar una respuesta en serio, que no sea sólo de palabra sino vital.
Las respuestas debemos buscarlas responsablemente entre todos, dado que el compromiso con la “nueva evangelización” ha de ser de todos -Obispo, sacerdotes, religiosos y religiosas, laicos ancianos, maduros, jóvenes, niños…- y ha de de impulsarnos a renovar nuestro “ardor misionero” siguiendo el ejemplo de nuestro primer obispo, Mons. Jorge Gottau…”

            La pregunta ¿qué debemos hacer?, que hicieran los judíos al escuchar conmovidos el discurso de Pedro, es una actitud del corazón que dispone al cambio de vida, a la conversión. En ella nos introduce, cada año, la cuaresma.

En esta línea, quiero proponerles para este año 2012, el siguiente lema:

“Jesucristo conviértenos, para que podamos anunciarte y renovar nuestras comunidades”

Después que Juan fue arrestado, Jesús se dirigió a Galilea. Allí proclamaba la Buena Noticia de Dios, diciendo: «El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en la Buena Noticia». (Mc 1,14-15)

            Queremos comenzar esta etapa del post-jubileo con esta sincera e intensa petición: “Jesucristo conviértenos…”

Sabemos que la conversión, si bien supone un esfuerzo del hombre, más bien es un “hecho de gracia”, que mueve el corazón de la persona a cambiar de vida. Esta comienza, fundamentalmente, con un acercamiento a Dios. Por eso el primer punto ha de ser:

  1. La conversión al “DIOS Vivo y Verdadero”:

            El miércoles de ceniza la liturgia nos propone leer al profeta Joel quién en nombre de Dios nos interpela  fuertemente diciendo:
“¡Vuelvan a mí de todo corazón! Desgarren sus corazones y no sus vestiduras. ¡Vuelvan al Señor su Dios!” (Jl 2, 12-13).

Este es el primer paso en la revisión de nuestras vidas, porque creer que esta conversión esté lograda, -en los sacerdotes, en los consagrados, en los laicos comprometidos- puede ser una mera ilusión. Sucede que Dios “teóricamente” es el sentido último de nuestras vidas pero, en realidad no lo es en “la práctica”, en la vida de cada día. A menudo Dios está ausente en nuestro diario vivir…

No podemos ignorar que hay evangelizadores –también consagrados– que no están muy convencidos del amor que Dios les tiene, o que escapan de su presencia, o no tienen una relación personal con el Señor. Vemos a agentes pastorales que han perdido la confianza en un Dios capaz de intervenir en la historia y dejan de acudir a él. Por lo tanto, la invitación a volver a Dios nunca es superflua, siempre es necesaria.

            B. La conversión a Jesucristo:

Pero,  en nuestra fe cristiana, la conversión a Dios es inseparablemente conversión a Jesucristo, ya que en el rostro de Jesucristo se nos revela el verdadero Dios: “Nadie llega al Padre, sino por mí” (Juan 14, 6); “Separados de mí no pueden hacer nada” (Juan 15,5).

            En nuestra carta pastoral del final del Jubileo, utilizando una expresión del Documento de Aparecida, lo expresábamos diciendo que debíamos: “volver a comenzar desde Jesucristo”.

“Volver a partir desde Jesucristo significa que todos debemos tener, de una manera renovada, un encuentro personal con ÉL. Sin esta vivencia de Jesús como Señor, toda nuestra fe quedará reducida a una mera formulación teórica que no tiene incidencia en la vida y que no convencerá ni atraerá a nadie. 1

Debemos remontarnos a los orígenes, es decir, repetir la experiencia de los primeros cristianos que, al encontrarse con Jesús a través de la comunidad eclesial, eran capaces de dejarlo todo y seguirlo formando parte de su Iglesia, tal como nos lo expresa el libro de los Hechos de los Apóstoles…” 2

Esta conversión a Jesucristo es la raíz y la condición de posibilidad de toda otra conversión porque, como lo expresa Benedicto XVI, “no se comienza a ser cristiano por una decisión ética ó una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva”.

Por tanto, es bueno hacernos la pregunta: ¿qué lugar ocupa Jesucristo en mi vida?...

  Para poder anunciar a Jesucristo con idoneidad y ardor, para poder renovar nuestras comunidades es menester, como lo señalaba el Documento de Aparecida, que hagamos una sincera “conversión pastoral”.

  1. ¿En qué consiste la conversión pastoral?3:

Podemos encontrar como diversos niveles, complementarios entre sí, de esta actitud que nos reclama el mencionado documento y que creo que es muy necesaria implementar en nuestra realidad eclesial diocesana.            

Veamos lo que implica…
1º. Una conversión a “Jesucristo Buen Pastor” que me invita a tratar a los demás con las mismas actitudes del Señor, aprendiendo a descubrir en el otro el “rostro de Cristo”.

“Al desembarcar, Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato” (Mc 6,34)

2º. Es también una conversión que nos orienta a entregarnos a los demás buscando siempre y sólo la “gloria de Dios”. El anuncio del evangelio ha de ser nuestra única motivación, superando todo interés personal egoísta, tal como lo expresa con vehemencia San Pablo:

“Si anuncio el Evangelio, no lo hago para gloriarme: al contrario, es para mí una necesidad imperiosa. ¡Ay de mí si no predicara el Evangelio!” (1 Cor 9,16)

3º. Conversión de los pastores a Dios motivada por las interpelaciones de su tarea pastoral. Esto se vuelve todavía más específicamente “pastoral” cuando lo que moviliza al pastor a volverse a Dios es la misma actividad apostólica, cuando la fe de la gente lo estimula, cuando el dolor de la gente lo conmueve y reconoce que sin Dios no puede dar respuestas, cuando en la misma tarea se siente interpelado a ser más “hombre de Dios”.
“Por la mañana, antes que amaneciera, Jesús se levantó, salió y fue a un lugar desierto; allí estuvo orando. Simón salió a buscarlo con sus compañeros, y cuando lo encontraron, le dijeron: «Todos te andan buscando» (Mc 1,35-37)

4º. Conversión de los pastores que los identifica plenamente con su misión, para que toda su existencia sea más decididamente “pastoral”. La propia persona se identifica profundamente con la propia misión que uno “ya no tiene, sino que es”. Esto es aun más pastoral, porque se trata de una conversión que modifica con una carga pastoral todas las dimensiones de la existencia y no sólo un tiempo dedicado al apostolado. Es la opción profunda por entenderse a sí mismo como un manantial para los demás que implica una entrega del propio tiempo, como decía el Cura Brochero, “hasta el olvido de sí”.
De este modo, la gente encuentra a un pastor disponible, cercano, que acoge cordialmente, pero no por una decisión voluntarista, ni sólo por compasión, sino porque eso brota de un ser radicalmente identificado con la misión de comunicar vida, tal  como lo vivía San Pablo:

“En efecto, siendo libre, me hice esclavo de todos, para ganar al mayor número posible…  Y me hice débil con los débiles, para ganar a los débiles. Me hice todo para todos, para ganar por lo menos a algunos, a cualquier precio. Y todo esto, por amor a la Buena Noticia, a fin de poder participar de sus bienes” (1 Cor 9,19; 22-23)

5º. Conversión de las tareas del pastor  y del modo de realizarlas que se modifican a partir de los reclamos de la realidad que vive el pueblo. Aquí es “la pastoral” lo que se convierte. No se trata sólo de un cambio interior del pastor que modifica sus actitudes y sus gestos, sino de una transformación de las tareas, que se vuelven flexibles y se adaptan según los cambiantes reclamos de la realidad

No podemos repetir siempre lo mismo, de la misma manera, con los mismos acentos, como si fuéramos dueños de un depósito muerto que simplemente hay que conservar como está. Tantas veces he escuchado: “Siempre se hizo así…”, como si eso fuera la garantía infalible de que se están haciendo las cosas bien.

 En este sentido, la conversión pastoral se entiende como una transformación de las tareas que se realizan para que respondan a las necesidades pastorales.

6º. Conversión que reforma las estructuras de la pastoral ordinaria para que sean más misioneras.Esta dimensión de la conversión pastoral, íntimamente ligada a las anteriores, se concentra en su aspecto misionero y en la subordinación de todas las estructuras a la misión, lo cual constantemente exige reformas. Estas reformas van desde los horarios y lugares de celebración de la Eucaristía, hasta la organización de Cáritas, el plan de Catequesis, etc.

Supone actitudes, como la plasticidad espiritual, que previene del riesgo de uniformizar, de imponer esquemas como si todas las situaciones, momentos y grupos humanos fueran iguales.

Cuando la conversión pastoral es auténtica, despierta la capacidad de renovar constantemente todas las estructuras pastorales que encauzan nuestras tareas misioneras. Esa renovación debe ser guiada por un discernimiento desde la Palabra de Dios, siguiendo la exhortación de San Pablo a Timoteo: “…proclama la Palabra de Dios, insiste con ocasión o sin ella, arguye, reprende, exhorta, con paciencia incansable y con afán de enseñar” (2 Tim 4,2)

Si bien estos puntos, como se puede percibir, se orientan más a los sacerdotes y consagrados, sin embargo, también pueden aplicarse, análogamente, a todos los bautizados que buscan comprometerse con la tarea evangelizadora.

B. ¿Cómo llevarla a cabo en nuestra diócesis?

En la Carta Pastoral con ocasión del Jubileo diocesano proponíamos 4 líneas que pueden darnos la pauta por donde ha de ir “la conversión pastoral” de nuestra Iglesia particular.

Decíamos que estos puntos no eran nuevos sino que los venimos trabajando desde hace tiempo, ya sea en nuestros encuentros pastorales de comienzo de año como en las reuniones zonales, pero que debían cobrar un nuevo impulso como consecuencia del Jubileo.

Se las propongo de nuevo porque creo que han de marcar nuestro accionar en los próximos años. Espero que, al recordarlas nuevamente e insistir en ellas nos motivará a todos a ponerlas en práctica…

Las 4 líneas básicas son:
     1ª. La misión permanente:
 “…La Iglesia existe para evangelizar. Tiene como centro de su misión convocar a todos los hombres al encuentro con Jesucristo” 4
            Creo que es importante que la experiencia misionera que hemos realizado a lo largo del año Jubilar no se termine con la clausura del Jubileo. Debemos continuar en “misión permanente”.
            El gran desafío será cómo seguir manteniendo esa “tensión y disposición misionera”, primeramente los sacerdotes y luego los demás agentes pastorales.
     Debemos ser creativos, como lo rezábamos en la Oración por la Misión, para seguir anunciando a Jesucristo, para “salir” a buscar a los más alejados y también para “convocar” a todos a la Iglesia.
“Esta misión que Dios nos confía exige luchar contra nuestras inclinaciones egoístas y contra cualquier desánimo. La riqueza de la Buena Noticia reclama evangelizadores convencidos y entusiastas, como los primeros cristianos que daban testimonio de su fe con clara coherencia. …” 5

2ª. La renovación de las parroquias
Para que nuestros fieles puedan encontrarse con el “Dios vivo y verdadero” a través de su enviado, Jesucristo, debemos procurar renovar las personas y las estructuras.
Éstas han de tener una clara “función mediadora” para que nuestro pueblo se encuentre con el Señor, sino se convierten en “estructuras caducas”, que dicen poco o nada a nuestra gente, la cual se va paulatinamente alejando de ellas o buscando otras respuestas en los nuevos movimientos religiosos.
Los primeros que debemos “convertirnos y renovarnos” somos los agentes pastorales, particularmente los sacerdotes: “La renovación de la parroquia exige actitudes nuevas en los párrocos y en los sacerdotes que están al servicio de ella.
La primera exigencia es que el párroco sea un auténtico discípulo de Jesucristo, porque sólo un sacerdote enamorado del Señor puede renovar una parroquia. Pero, al mismo tiempo, debe ser un ardoroso misionero que vive el constante anhelo de buscar a los alejados y no se contenta con la simple administración…” 6

            También se ha de tener la capacidad creativa para involucrar muchos laicos en los diferentes grupos parroquiales y en el trabajo misionero. Como dicen los obispos en Aparecida: “Una parroquia renovada multiplica las personas que prestan servicios y acrecienta los ministerios…” 7

            Finalmente, la parroquia ha de ser “comunidad de comunidades” donde todos se sientan parte y protagonistas.

     3º. El compromiso laical
Es imprescindible que se despierte en nuestra diócesis el compromiso de los laicos para una tarea más protagónica en la evangelización.

Las áreas pastorales, en las que se ha trabajado con tanta seriedad y entusiasmo en el Encuentro de clausura del Jubileo Diocesano, tenían la finalidad de motivarnos para que luego se creen o se mejoren en las respectivas comunidades. Evidentemente hacerlo posible dependerá de los párrocos, sus vicarios y todos los que tienen una tarea de animación en la misma.
           
4º. Finalmente y destacando un elemento muy importante, debemos caminar hacia la animación bíblica de toda la pastoral.
La Palabra de Dios ha de ser el centro de toda la renovación personal y comunitaria. Una espiritualidad sólidamente fundada en la Palabra de Dios ha de convertirse en una necesidad imperiosa para todos los bautizados, y hemos de buscar de orientar, real y efectivamente, toda la pastoral desde la misma…

Me parece importante promover la mayor cantidad de iniciativas posibles a fin de ayudar a todos los fieles, pero particularmente a los agentes pastorales más comprometidos, a reforzar sus conocimientos de la Biblia, a ayudarlos para hacer una lectura creyente de la misma y motivarlos para leer y meditar asiduamente la Palabra de Dios, personalmente y en comunidad.

Pienso que estas 4 líneas deben orientar nuestro deseo de “conversión pastoral” para que vivamos en nuestra Iglesia diocesana una nueva etapa evangelizadora.

En el Consejo presbiteral y en el Equipo de Animación pastoral consideramos oportuno, para los próximos años, poner el énfasis en algunos aspectos.

1º. La renovación de la parroquia

En este tiempo queremos poner el acento en esta línea integrando, por supuesto, las otras tres.
Es imperioso revitalizar nuestras comunidades parroquiales desde lo misionero (“salir”, acercarse a las familias e instituciones para anunciar a Jesucristo) y con la convocación a formar grupos que acompañen las distintas etapas de la vida de nuestros fieles, desde la infancia hasta la vejez.

Debemos preguntarnos, con seriedad y compromiso, cómo generar una nueva vitalidad en mi comunidad, cómo comprometer a los laicos a la participación en la actividad parroquial, cómo detectar dirigentes para formarlos en lo bíblico y entusiasmarlos con la misión, interesarme por la ayuda que pueden brindarme los distintos movimientos que hay en la diócesis… Con una buena dosis de humildad, que es “verdad”, puedo preocuparme por conocer y también aprender del trabajo y la experiencia que otros han hecho…

Además, los Consejos parroquiales, (Consejo Pastoral Parroquial (CO.PA.PA.) y Consejo de Asuntos Económicos (C.A.E.)8, son herramientas fundamentales para la organización de una actividad pastoral seria y con continuidad. Pero es evidente que nunca podremos constituirlos si no convocamos, si no tenemos gente, si no hay grupos parroquiales, si no confiamos y damos participación, si no formamos y acompañamos sistemáticamente…

2º. La Familia: creo que este ha de ser un tema transversal a toda la pastoral. Es un “horizonte” que nunca debemos perder.

La célula básica de la sociedad y de la Iglesia se encuentra hoy altamente amenazada en esta cultura imperante y lo vivimos fuertemente también en nuestra diócesis.

Considero que, desde lo pastoral, hemos dar respuestas creativas e idóneas a las diversas situaciones familiares para no correr el riesgo de “trabajar en vacío”, es decir, sin responder desde Dios a las verdaderas necesidades de la gente. Por tanto, toda nuestra actividad -misión, liturgia, catequesis, Cáritas, educación, infancia, pastoral juvenil y vocacional, pastoral social, etc.- debe tener como trasfondo a la familia; siempre ha de estar en relación con ella.

Además debemos procurar en nuestras parroquias, también, una pastoral familiar específica que se dedique a preparar a los jóvenes para el noviazgo y para la formación de un proyecto de vida familiar; que les ayude a tomar conciencia de la belleza del sacramento del matrimonio tan desvalorizado en nuestro medio; que trabaje con los matrimonios, su problemática y desafíos… ¡Es una tarea ardua, pero imprescindible!

En este año reforzaremos el Equipo de Animación Pastoral (EDAP) a fin de darle una mayor representatividad y le he pedido al P. Fidel Ruiz que sea el Vicario episcopal para la Pastoral. Residirá en el Obispado, convocará al EDAP y tendrá la misión de visitar animando a las comunidades en su organización pastoral.

Así como les propuse al iniciar mi ministerio pastoral en Añatuya, queremos seguir caminando “juntos” en una “pastoral de conjunto”, en una Iglesia que despierte al compromiso misionero y que renueve sus grupos e instituciones para que haga más transparente el mensaje evangélico a todos.

Además, el 11 de octubre de este año comenzará, en toda la Iglesia, EL AÑO DE LA FE. Por lo tanto, deberemos tener también como referencia este evento tan importante de nuestra Iglesia Católica. Más adelante daremos más precisiones prácticas para la celebración de este acontecimiento renovador.

Recemos a fin de que Ntra. Sra. del Valle y la Virgencita de Huachana acompañen nuestro caminar como Iglesia diocesana.

+Adolfo A. Uriona fdp
Obispo de Añatuya

1 .- Doc. de Aparecida, Nº 101: “…Esta es la vida eterna: “Que te conozcan a ti el único Dios verdadero, y a Jesucristo tu enviado” (Jn 17, 3). La fe en Jesús como el Hijo del Padre es la puerta de entrada a la Vida. Los discípulos de Jesús confesamos nuestra fe con las palabras de Pedro: “Tus palabras dan Vida eterna” (Jn 6, 68); “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo” (Mt 16, 16)

2 .- Cf. Hech  4, 32-37

3 .- Estos puntos, con algunas variantes, los tomo de un escrito del Pbro. Víctor M. Fernández que presentara a la Asamblea plenario de obispos de noviembre de 2009.

4 .- Navega Mar Adentro, Nº 15

5 .- Navega Mar adentro, Nº 16

6 .- Doc.  de Aparecida, Nº 201

7 .- Doc. de Aparecida, Nº 202

8 .- El Consejo de Asuntos Económicos, ha de constituirse en cada parroquia, según lo manda el Código de Derecho Canónico.