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Efemérides
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SIMBOLISMO DEL ESCUDO EPISCOPAL

Como fondo del escudo percibimos dos campos:
el superior de color púrpura, que simboliza
el Amor y la Sabiduría;
el inferior, de color verde que expresa
simbólicamente la Fe y la Esperanza.

En el campo superior encontramos la cruz dorada,
que es la cruz “gloriosa”, la cruz “luminosa”
del Cristo que resucita al alba del primer día.

Sobre el campo inferior resalta una estrella plateada,
símbolo de pureza e integridad y que,
en la heráldica religiosa, se aplica a María Santísima.

 

1. La Cruz dorada refiere inmediatamente al misterio pascual, núcleo central de nuestra Fe; el mismo fundamenta la Esperanza al revelar el designo de Amor de Dios a favor de los hombres.

La verdadera Sabiduría la encontraremos en la Fe en el Cristo Crucificado, el cual durante su vida terrena “pasó haciendo el bien y sanando a todos”. Cuando le llegó la “hora” dispuesta por el Padre, se entrega a la muerte y muerte de Cruz por amor a la humanidad. La revelación plena y total del Amor del Padre se produce en el instante supremo en el cual el Hijo entrega su Vida, obteniéndonos la redención, donándonos su Espíritu y dando origen místicamente a la Iglesia.

Ahora bien, el Señor Crucificado es también Resucitado; pasando por la humillación de la Cruz –la cual irradia una luz especial- Cristo recibe al Padre, para sí y para nosotros, el Espíritu, fuente de Vida nueva.

2. María Santísima es la “estrella resplandeciente” que ilumina nuestra débil Fe, porque ella es la “mujer creyente” que ha orientado toda su existencia en relación a su Hijo.

Lo acompañó, sostenida por la Fe, en los momentos claves de su existencia y no dudó en permanecer junto a su Cruz con el corazón traspasado. De esa misma compañía, discreta y fiel, gozarán más tarde los discípulos, en la espera confiada del Espíritu Santo en Pentecostés.

También María es “vida, dulzura y esperanza nuestra”. Su presencia maternal infunde en nuestros corazones tentados por el desánimo, la luz de la Esperanza que nos impulsa a seguir caminando hacia la Casa del Padre aún en medio de la “noche oscura” de nuestra historia.

3. Completan el escudo el báculo, que indica la misión del obispo de pastorear al Pueblo de Dios y el lema:

“El pasó haciendo el bien…”

 

“Como Obispo, ungido por el Espíritu Santo, he de proclamar la Fe en Jesucristo, hecho hombre, muerto en cruz y resucitado, escándalo para el mundo pero “sabiduría de Dios para los que han sido llamados”.

Siguiendo las huellas del Maestro, quiero aprovechar el fugaz instante de mi existencia como la oportunidad maravillosa que el Padre me concede de anunciar el Evangelio del Amor, haciendo el mayor bien posible a mis hermanos, los hombres.

Experimento fuertemente la presencia maternal de María Santísima como la “estrella luminos” que me guía y acompaña en la misión de ser un “testigo de la Esperanza” en este momento crucial de la historia humana.

Monseñor Adolfo A. Uriona(fdp)
Obispo de Añatuya

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